Paraguay en crisis: el escándalo de Ueno Bank que sacudió al sistema financiero y terminó con la renuncia de Santiago Peña
La crisis bancaria, las dificultades de miles de ahorristas para acceder a sus depósitos y los cuestionamientos por los vínculos entre el poder político y el grupo propietario de Ueno Bank desencadenaron un terremoto institucional en Paraguay.
Paraguay atraviesa una profunda crisis financiera y política tras los problemas detectados en Ueno Bank, una de las entidades bancarias de mayor crecimiento del país. La intervención de las autoridades financieras y las restricciones operativas generaron preocupación entre millones de clientes, que vieron comprometido el acceso normal a sus ahorros. La situación despertó comparaciones con el corralito argentino de 2001, aunque, por el momento, el problema tiene un origen concentrado en una entidad bancaria.
El Banco Central detectó graves deficiencias en la situación patrimonial de Ueno, especialmente en materia de solvencia y operaciones crediticias con empresas vinculadas a su grupo económico. Las revisiones contables redujeron considerablemente el respaldo financiero declarado por la entidad, que quedó por debajo del mínimo regulatorio exigido. Esto desencadenó la intervención y profundizó la incertidumbre entre los depositantes.
El escándalo adquirió dimensión política cuando comenzaron a cuestionarse los vínculos empresariales del presidente Santiago Peña con sectores relacionados con el Grupo Vázquez, propietario de Ueno. A esto se sumó la designación de Carlos Carvallo al frente del Banco Central, quien anteriormente había dirigido Financiera Ueno. Estos antecedentes despertaron interrogantes sobre posibles conflictos de intereses y la independencia de los organismos encargados de controlar al sistema financiero.
Otro aspecto sensible fue la exposición de fondos públicos, previsionales y de organismos estatales a la entidad. La posibilidad de que recursos destinados a obligaciones públicas y prestaciones sociales estuvieran comprometidos elevó la preocupación y alimentó las críticas de la oposición, que reclamó explicaciones sobre las decisiones adoptadas durante la administración de Peña.
La crisis terminó golpeando directamente al gobierno. En medio de las protestas, los reclamos de los ahorristas y las presiones políticas, Santiago Peña presentó su renuncia el 5 de noviembre de 2026. La Cámara de Diputados había votado por unanimidad avanzar con el juicio político en su contra. El mandatario negó haber cometido irregularidades y rechazó tener responsabilidad directa en los problemas financieros del banco.
Tras su salida, la sucesión presidencial quedó en manos del vicepresidente Pedro Alliana. Sin embargo, la renuncia no cerró el conflicto: quedaron pendientes las investigaciones sobre las operaciones de Ueno, los controles del Banco Central y las posibles responsabilidades políticas y empresariales en el desarrollo de la crisis.
La comparación con Argentina en 2001 resulta inevitable, aunque existen diferencias importantes. Mientras el corralito argentino se produjo en medio de un colapso económico y financiero generalizado, en Paraguay el detonante fue una entidad específica. El principal interrogante es si las autoridades lograrán contener la desconfianza y evitar que los problemas se extiendan al resto del sistema bancario.
El caso Ueno dejó al descubierto un debate que excede ampliamente al sector financiero: la relación entre el poder político, los grupos económicos y la administración de los recursos públicos. La recuperación de la confianza dependerá de la transparencia de las investigaciones, la protección de los depositantes y el esclarecimiento de las responsabilidades. Cuando los ahorros de la población quedan comprometidos, la crisis deja de ser solamente bancaria y se transforma en una crisis de credibilidad institucional.
