A nueve años del fin de la tracción a sangre: la política que marcó un antes y un después en Salta
A nueve años de la eliminación de la tracción a sangre en la ciudad de Salta, aquella decisión adoptada durante la gestión de Gustavo Sáenz como intendente continúa siendo una de las políticas públicas más emblemáticas en materia de bienestar animal e inclusión social. La fecha cobra especial significado en medio de un intenso debate en el ámbito nacional sobre la tarea llevada adelante por proteccionistas.
Lejos de limitarse a la prohibición de los carros tirados por caballos, el plan se diseñó bajo una premisa que sintetizó el espíritu de la iniciativa: «Ni personas excluidas ni caballos maltratados».
La Municipalidad llevó adelante un relevamiento de las familias que vivían de la actividad, brindó capacitaciones, asistencia social y herramientas para la reconversión laboral. Como resultado, más de 150 motocargas reemplazaron a los carros de tracción animal, mientras que decenas de familias accedieron a una alternativa de trabajo formal y los caballos dejaron de ser utilizados para tareas de carga.
Más de un centenar de equinos fueron recuperados, atendidos veterinariamente y derivados a organizaciones proteccionistas, predios adecuados y centros de equinoterapia, donde pudieron continuar su vida fuera del circuito de explotación.
Una política que continuó con nuevas acciones
La eliminación de la tracción a sangre no fue una medida aislada. Formó parte de una política pública más amplia que buscó instalar el bienestar animal como una política de Estado en la ciudad.
En esa misma línea se creó el Centro de Adopciones «Matías Nicolás Mancilla», un espacio destinado a la recuperación, rehabilitación y adopción responsable de perros y gatos rescatados, promoviendo además campañas permanentes de castración, vacunación y tenencia responsable.
Posteriormente, se impulsó la creación del Hospital Público Veterinario de Salta, una obra pensada para garantizar atención veterinaria gratuita o de bajo costo, especialmente para familias de escasos recursos y proteccionistas independientes. La iniciativa amplió el acceso a la salud animal y fortaleció las políticas de prevención mediante castraciones, vacunación, diagnóstico y atención clínica.
De esta manera, el fin de la tracción a sangre, el Centro de Adopciones y el Hospital Público Veterinario representan distintas etapas de una misma política pública: colocar el bienestar animal en la agenda estatal, acompañando esa transformación con herramientas sociales para las personas involucradas.
A nueve años de aquella decisión histórica, Salta continúa siendo tomada como referencia por municipios que buscan erradicar la tracción a sangre mediante programas de reconversión, demostrando que es posible compatibilizar la protección de los animales con la inclusión social de las familias que dependían de esa actividad.
