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PODER POLÍTICO SIN ECONOMÍA NO ALCANZA: LA VERDADERA PRUEBA DEL GOBIERNO DE MILEI

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El gobierno de Javier Milei atraviesa una paradoja que define el momento político argentino: nunca tuvo tanto poder institucional y, al mismo tiempo, nunca dependió tanto de variables económicas que no controla completamente.

En el Congreso, el oficialismo logró algo que parecía improbable hace apenas un año. Sin mayorías propias, consiguió respaldo legislativo, acuerdos con gobernadores y capacidad de iniciativa política. Milei dejó de ser un outsider aislado para convertirse en un actor central del sistema político.

Pero la política tiene una regla implacable: el poder se sostiene con resultados.

Y ahí aparece la verdadera incógnita.

La economía sigue siendo el terreno donde se juega el futuro del Gobierno. Inflación, consumo, empleo y expectativas sociales son variables que ningún discurso puede reemplazar. El capital político acumulado puede diluirse rápidamente si la percepción económica de la sociedad no mejora.

La historia argentina está llena de gobiernos que tuvieron control político pero fracasaron por la economía. Y también de gobiernos que sobrevivieron a crisis políticas porque lograron ordenar la macroeconomía.

Hoy Milei camina sobre esa línea delgada.

Su principal fortaleza —la centralidad del liderazgo— puede convertirse en su principal debilidad si los resultados económicos no llegan a tiempo. Porque cuando el poder se concentra, también se concentra la responsabilidad.

En este contexto, el rol de los gobernadores adquiere una importancia estratégica. Son quienes garantizan gobernabilidad territorial, votos legislativos y estabilidad política. La relación Nación-provincias no es un detalle institucional: es una pieza central del equilibrio de poder.

La Argentina entra en una etapa donde la política parece ordenarse más rápido que la economía. Y eso genera una pregunta inevitable:

¿Puede sostenerse un proyecto político fuerte con una sociedad que todavía no siente mejoras en su vida cotidiana?

Está en el bolsillo de la gente.


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